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Películas de autobús

lunes, 3 de noviembre de 2008

No, tranquilos, no es un nuevo género de road-movie, me refiere a las películas que se ponen en los autobuses de largo recorrido y que un servidor está tan acostumbrado a utilizar. Por lo general, el tipo de película suele ser bastante palomitero (a saber, filmes tipo "Un canguro super duro" o de perros y niños que se hacen amigos y salvan a su ciudad/barrio de algún peligro/matón del colegio) y sin más intención que entretener. Al fín y al cabo, si la idea es distraerse de la monotonía del bus no van a recurrir a ensayos de autor, pero en ocasiones entre tanta morrazilla uno se encuentra inesperadamente con una grata sorpresa. Fue mi caso ayer con la emotiva "Reign Over Me", que en España traducimos como "En algún lugar de la memoria".



Sin entrar a valorar la imaginación de nuestros queridos traductores, he de reconocer que no esperaba nada en particular de esta película. Realmente, aunque me sonaba, nunca había tenido intención de verla, y si no llega a ser por el aburrimiento supino que otorgan los estáticos asientos de la Continental, ni me lo habría planteado. Pero le dí una oportunidad. En un principio pensé: "bueno, no sé a donde va a llegar esto pero se deja ver", el ritmo es ameno y al principio los acontecimientos te van metiendo poco a poco en escena, hasta que el personaje de Adam Sandler cobra protagonismo. Ahí ya se comprende que es lo que la película quiere contar, y lo bien que lo hace. Un Sandler como yo no recuerdo (teniendo en cuenta que su mejor papel hasta que ví esta película me parecía el de "Little Nicky"...), un tipo destrozado en todos los aspectos, con una vida muy peculiar y un simpático guiño con la aparición del juego Shadow of the Colossus, que aunque no deja de ser un elemento publicitario tiene su significado (o igual yo me lo inventé, da igual). Una historia dramática con toques de humor que no hacen reir, pero si marcar la sonrisilla lo suficiente como para dejarte planchado con la revelación del próximo trauma. El conjunto de actores no desentona en absoluto, aunque tanto Jada Pinket-Smith como Liv Tayler no son más que meros accesorios de Sandler y Cheadle (gran trabajo el de este también, por cierto), acompañan y cumplen su papel con bastante soltura. En general un gran sabor de boca y un par de lagrimones, con el aliciente que tiene no tener ni idea de lo que me iba a encontrar. Tras cuatro años tomando autobuses de Alsa, por fín tengo algo que agradecerles.